Los Fabulosos Cádillacs en el Zócalo de la Ciudad de México.

 

3 de junio del 2023.

Somos. En la Rebeldía. En el Arte. Y en la Multitud. Y esas cuatro cosas no se habían presentado juntas hace tanto tiempo. Tal vez desde que vino Manú Chao, en 2004, o desde que vinieron los Zapatistas, en el 2001. Somos un pueblo Conquistado, física y mentalmente, al que se le enseña que no vale, que es tonto, que todo lo que es extranjero, de preferencia güero, es mejor. 

Y al que se le sacrifican sus mejores hombres, sus Jóvenes Rebeldes, orillándolos a la Guerrilla, al Box, al narcotráfico, a la Banda, a la contra-guerrilla, a la policía, al pleito entre hermanos, por filiación ideológica, social o familiar. Al fracaso escolar que nos convenza que no servimos, que no valemos. A estas tierras no ha llegado un Teseo que nos libere del Minotauro a través del hilo de Ariadna. 

Y al viejo estilo Romano, se procura incrementar las diferencias entre nosotros, para que peleemos, vivamos divididos, ya sea a través de partidos políticos, equipos de Fútbol, Identidades urbanas, Grupos Musicales, Edades, Géneros Sexuales y un largo etcétera. Divide y vencerás, esa es la máxima, y se nos enseña que lo nuestro no vale, que lo extranjero es  mejor. Para que regalemos nuestro trabajo, minusvaloremos a nuestra persona. Empezando por nuestra lengua, que no es nuestra. Empezando por nuestra piel, que no es blanca. 

Y así, solo somos capaces de valorar “Artistas”, “Personajes”, ideologías, estilos de vida y un largo etcétera, proveniente de los centros hegemónicos, España y Estados Unidos, y si son mexicanos, si y solo si,  antes fueron aquilatados en el extranjero, o se insertan en una corriente artística Europea o Estadounidense, como María Sabina, que no hubiera pasado de ser una Mazateca más perdida en la Sierra de Oaxaca , si no la hubiera “Descubierto” Gordon Wasson.

Nuestra conquista es tan grande, estamos tan sometidos, que ni siquiera nos damos cuenta, y hasta cuando nos “Liberamos”, necesariamente tiene que ser a través del elemento “Extranjero”, de un “Hernán Cortés” que nos una contra las garras del imperio, ahora Yanqui, que no azteca. Pero a Manú lo vetaron. Y al Sub Comandante Marcos (Que hablaba tan bonito el Inglés y tenía ojo claro) se le acabaron sus cinco minutos de fama. 

Así, en los últimos años, vimos llenarse el Zócalo varias veces. Con los Tigres del Norte, Justin Bieber, Grupo Firme, Rosalía, etc. Con esa rebeldía acartonada, “Generacional”, que no va más allá, en el caso de los Tigres del Norte, de enriquecerse de manera ilícita, con el Narcotráfico, para reproducir el mismo estilo de vida capitalista, que a todos se les promueve pero a la mayoría se les niega y en el caso de los otros, la rebeldía del “Eunuco”, que se cambia de sexo por razones de moda y asenso social, siendo condición sine qua non para el triunfo sistémico, en un orden que promueve la inclusión, la “Rebeldía ” pero no económica, solo de género y  de raza, que no de ideología y religión, y si tiene para pagar la cuenta o si no llamamos a la policía.

Entonces, los que quisiéramos una liberación artística, multitudinaria, que incluyera una dosis de crítica contra el Capital y sus bemoles, que abordara algo de compasión contra los desposeídos, los perdedores históricos, de admiración por la lucha solidaria con el de abajo, etc,  tenia tiempo que no teníamos ningún pretexto para llenar el Zócalo. 

Y como somos malinchistas y nos comemos entre nosotros y está por completo cooptado el “Medio” Artístico por Personajes fútiles sin compromiso con la belleza Universal, que al final siempre tiene que estar conectada con un cambiar al mundo,  que no tiene lugar en Televisa y anexos y que en la Televisión Estatal de la Cuarta Transformación (o tele de cuarta) no ha tenido el Espacio necesario, llenándose las pantallas con los mismos personajes ya conocidos que se repiten hasta el cansancio u otros cuya mayor virtud es alabar al de arriba, y que solo pasan, como los políticos, de una a otra televisora, siendo la estrella de la pantalla siempre el presidente López Obrador, quien hasta se ha convertido en crítico Músical. 

Así pues, el lleno total y rebasado del concierto de los Fabulosos Cádillacs en el Zócalo Capitalino, fue un acto político, donde se demostró que en Chilangotopía somos mayoría los de gustos musicales de izquierda, por llamarle de alguna manera, siendo el Ska su expresión más fresca de los últimos años, música que se hace heredera y portavoz de luchas y vida de los de abajo, como “La maldita Vecindad” “Panteón Rococó” o Ska- P, por mencionar algunos. 

Entonces, estar ahí, era no solo un asunto de gusto musical o de placer estético. Era un asunto de identidad, de empoderamiento, de “demostración de fuerzas”, de orden Cósmico. Un decir “Aquí estamos” aunque solo nos unamos para manifestarnos balbuceando las mismas canciones, que nos gustan por su ritmo, pero también por su letra, que habla de un anhelo de justicia, de humanidad, que va más allá de Partidos o maneras de perseguir la Chuleta. Al final se convirtió para muchos en una manda, en una aventura, una angustia, un problema, una incomodidad. Por que desbordar el Zócalo tiene sus inconvenientes. Sentirse aplastado por la masa, atrapado en un mar de gentes que no van ni para atrás ni para adelante; tener que brincar vallas, aventándose a la multitud en una versión bisarra de “Play your hands on me”. Algunos perdieron la cartera o el celular y en el mejor de los casos a los amigos con los que llegaron. 

Otros, no conforme las dificultades implícitas, además se emborracharon, sin tomar en cuenta  los nulos lugares para orinar, creando un ambiente de charcos , como si hubiera terminado de llover apenas, y algunos, los más decentes, tal vez, orinados hasta por encima de la ropa y olvidando la vuelta a casa. En el mejor de los casos, los que no tuvieron acceso a la plancha, solo les tocó ver el concierto a la distancia, en las pantallas colocadas a una distancia considerable del evento, y estar ahí más que nada para engrosar la estadística, reforzar el dato, pero pudieron salir pronto, no como los de dentro, que tuvieron que esperar para que poco a poco se fuera vaciando, y poder tener espacio para moverse, para caminar, cruzar entre la gente.

 Todos queríamos estar ahí, hasta los que no fueron y se quedaron en su casa a verlo por internet o el Canal de la televisora de la ciudad, ser parte de ese record de afluencia, y demostrar que los Chilangos, en masa, además de que nos sabemos soportar y comportar, tenemos buenos gustos musicales y en el fondo nos mueve a la mayoría un afán de justicia y de verdad, aunque nos sea difícil transformarlo en hechos, lo tarareamos en las canciones, que aunque no sean nuestras las hacemos tales, por que se acercan a lo que nos hubiera gustado que fuera el mundo, maldiciendo el Quinto centenario, (si no hubieran sido derrotados los que lo fueron y no hubieran triunfado los que lo están), o alentando al Matador, para que no muera, y nos venga a vengar de la ignominia, de la injusticia y el mal gobierno. O yo así yo lo veo y me quisiera explicar este fenómeno multitudinario. 

FIN.

Fabián González Hernández.

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