Algunas ondas alrededor de la Onda. (Y José Agustín)
Tengo que aclarar que tengo una relación rara, y hasta podría decir mala con José Agustín y por razones extra-literarias, o literarias, pero de otra índole, más personal. Tal vez le guardo rencor, de manera injustificada, lo que no me permite apreciar bien su obra, por que el burócrata que me entrevistó en la única editorial (Planeta) a donde llevé mi novela (“Las Aventuras del Chilango lango”), a los 24 años, (desempleado, cantando en los camiones y con un hijo), fue su hijo, Andrés Ramirez, (O a mi me habían presentado como tal) que había yo conocido en la ENAH, y del que sabía, por una amiga en común, que había cometido la misma “hombrada” que yo… tener un hijo joven, sin trabajo y sin carrera, y tal vez por eso lo encontré ahí, trabajando.
En fin. Que llevé mi manuscrito y puse muchas esperanzas en su publicación; lo tomé como bote de salvación, para salir del anonimato, de ser un perdedor, ganar unos pesos, ¡Publicar mi novela!… y cada tanto le hablaba a Andrés para saber si ya . Recuerdo que no paraba de molestar cada que se vencía el plazo que me daba, que si en un mes, que si en 15 días, que si en una semana, y ya se sabe, yo intentaba ser agradable, buena onda, pero es cuando peor te sale, forzado. Hasta que un día, tal vez harto de mi falsa amistad , de mi “buenaondez” me mandó comunicarme a otro teléfono, que yo pensé era el de la firma de contratos, ilusionado con pedir no menos de 20,000 pesos, pero tristemente mas bien era el número de la chica con voz linda que comunicaba los rechazos.
Y claro, seguramente, ni siquiera fue él el que la leyó, pero yo me quedé ofendido, y la agarré con él, y con el padre, José Agustín, además de tenerle envidia por su triunfo, con De Perfil y La Tumba, que ya hubiera querido yo tener con Las Aventuras de El Chilango Lango, pero que gracias a su hijo… En fin. Entonces entiendo y advierto al lector que lo que diga de pudiera estar cargado de envidia y resentimiento. Pero pues… ahí les va:
A decir verdad, además de lo ya dicho, he tenido una relación difícil con la literatura de la onda. Por ejemplo, de las peores diferencias que tuve con mi padre por sus libros, fue cuando le presté a un quesque amigo “El Rey Criollo” ( y nunca me lo regresó) desacompletandole su colección de Letras Mexicanas. (Que nunca me perdonó). Era en esas épocas de adolescente en que no entendía a mi padre, que no me dejaba prestar sus libros, para socializar la lectura. Aunque el destino me compensó esa perdida con una bonita anécdota relacionada con “Se Está haciendo tarde (Final en laguna)” tercera novela de José Agustín , que una vez encontré en la biblioteca Samuel Ramos mientras esperaba a dos amigos para planear nuestra participación en el encuentro intergaláctico del EZLN, de 1996. El libro estaba en la mesa de la biblioteca donde yo esperaba, maltratado y sin portada. Yo lo hojee y lo dejé donde estaba, respetuoso como era de los libros de una Biblioteca Pública, (Que no privada) y tarde me di cuenta de que no tenía la encuadernación ni los sellos de la biblioteca, que más bien a alguien se le había olvidado ahí, que estaba perdido, de lo que no me percaté yo sino el bueno del amigo Gabriel, quien se alegró de su hallazgo ante mi tristeza y frustración expresada en un
-¡Pero si yo lo vi primero!- seguido de la risa de mis amigos. Tiempo después Gabriel me lo regaló, acompañado de una bonita dedicatoria. Disfruté su lectura, pues me despertó curiosidad por el I Ching.
De José Agustín había leído, a mis 16 o 17 años, su novela “De Perfil”, que, la verdad fue de esas lecturas raras, que me sentía obligado a que me tenía que gustar, por que sabia que era un escritor representativo de la actitud que yo asumía en ese entonces ante la vida, del paquete en su sección de literatura cuando te asumes como parte de la fauna rockanrolera. Recomendado por mis padres, casi como un reto, para fomentarme mi habito por la lectura con algo acorde a mi actitud rebelde, con gustos musicales como El Tri y Rockdrigo González , lo leí con cierta reticencia, como obligación, para acompletar las estampitas, aunque recomendación de los “Viejos”, ya que decían que era lectura de jóvenes de onda gruesa, lo que realmente me decepcionó un poco, ya que no lo sentí ni tan pesado y más bien algo fresa, y realmente lo que sucede es que lo entendí poco pero me obligué a mi mismo a terminar sus 300 y tantas páginas y a sentir que si me gustaba y me identificaba con él. En realidad lo recuerdo poco. Ahora comprendo que quiso emular a James Joyce y que nos narra tres días o algo más de su vida. Me queda una vaga imagen del personaje deambulando por las calles de la ciudad de México, al final.
Quisiera tener el libro a la mano, para releerlo, pero mi papá no me heredó su biblioteca, tal vez como castigo por prestar su libro de Parménides , y las novelas de la Onda (José Agustín y de Parmenides) no me han sido fáciles de conseguir en la Chachara, y en las librerías de “nuevo” son caros y casi no están en las ofertas. En los setentas y ochentas se popularizaron un poco con De Perfíl, que también salió publicada en la ya mencionada colección de Lecturas Mexicanas, que fue una edición de gran tiraje, a precio económico y se vendía en los puestos de periódico. Pero con el tiempo son de los más valiosos, más difíciles de hallar, junto al El Rey Criollo, (que perdí) y al que le entendí mucho más cuando lo saqué de la biblioteca, en su reflejo de esta joven burguesía rocanrolera, que copia la moda estadounidense para llenar un vacio, una vida de Sanwiches y Coca Colas, con una rebeldía juvenil hueca e importada de los United States, cuyo máximo ídolo es Elvis Presley, y cuya máxima rebeldía consiste en intentar encuerar, entre la bola y el desmadre, a una Señora y a su hija que se equivocaron de piso en el Cine, que estaba dividido entre Hombres arriba y las Mujeres abajo, (O al revés) .
Parménides García murió mas joven, a los 38, mucho más inadaptado al sistema, a la buena sociedad, incluso a su familia. Dicen que llegaba a algunos eventos literarios, como a alguno de Carlos Fuentes, a escandalizar con sus amigos gruesos de la Narvarte y, tras excesos de drogas y alcohol que llevaron a sus padres a internarlo en hospital psiquiátrico, muere solo, de pulmonía. José Agustín es digamos el muchacho bueno, el buena “Onda”, que vivió la rebeldía de su época con mayor lucidez y adaptación a las circunstancias. Se casa varias veces, a los 17 para conocer Cuba y a los 19 de manera definitiva, para fundar una familia a los 24, recién salido de la Cárcel, y llegar a sus 79 años, viviendo entre sus lectores como aquel Joven que con 19 años escribió “La Tumba” y con 23 “De Perfil”, y que después cayó a Lecumberri donde termina Se esta haciendo tarde, (Final en laguna), y posteriormente “El Rock de la Carcel”, novela autobiográfica, donde cuenta que alcanzó el prestigio, el éxito y el glamour y se convirtió ni más ni menos que en el Novio de la “Novia de México”, Angélica María, y escribió algunos guiones para ella de películas chafonas, con historias de Jóvenes Juniors, que en aquel tiempo ponían de moda la Música de Rock, con traducciones simplonas de sus letras.
Cuenta también en “El Rock de la Cárcel”, que su consumo de mariguana fue lo que lo expulsó de este mundo, ya que yendo por una carretera de camino a Cuautla lo apañó la policía con la suficiente Canabis para ser llevado a Lecumberri, donde estuvo seis meses, y donde terminó su novela “Se está haciendo tarde. (Final en laguna.)”, con claras referencias al I Ching y a un rollo algo más místico, además de que convivió con José Revueltas y otros presos del 68, cuando el mayor y mas consecuente intelectual de México vivía en la cárcel, enfermo, muriendo de ignominia frente a los ojos de todos mientras otros salían libres con palancas, se casaban y vivían felices para siempre; aspiraban a la “Beca” y por fin la conseguían y accedían a la casta, que se reparte premios, se asigna becas y se publica libros y son representantes, forman parte, les guste o no, de una burguesía que solo copia al extranjero, hasta cuando se trata de crear una Cultura Nacional, que aunque en sus contenidos pudiera ser de Izquierda o de algo cercano al pueblo, dando voz al desposeído, al Indio, a la mujer, al joven, en sus formas sigue actuando igual que la derecha, con ídolos inalcanzables que se encumbran sobre la masa y crean una casta cerrada, de la que José Agustín llegó a ocupar el lugar del “Joven” y lo siguió ocupando por más de 50 años, debido a la falta de oportunidades para los “Nuevos Jóvenes” y a este funcionar mafioso de esta casta intelectual, que en el afán de velar por los suyos, “De que lloren en mi casa…” (máxima de todos en el Capitalismo y parámetro de Moral burguesa) se adapta para sobrevivir en un mundo capitalista, pero eso no la hace menos culpable, menos cómplice, reproduciendo este sistema clasista y de círculos cerrados aunque sea por la izquierda, aunque sea con el afán de “Cultivar al Pueblo”, que se apapacha entre sí para no perder los premios, las becas y las publicaciones, fomentando una Cultura de Ídolos, de “Insuperables” que no ayuda a liberar al de abajo, que no se ve como creador si no a lo más como consumidor (Y eso si le alcanza para comprar libros) de los “Grandes Autores”, y aún leyéndolos, es su culpa si no les entiende, con un modus operandi que promueve una sociedad con una Casta de Intelectuales con un relevo generacional de cortesanos con el único mérito de arrastrarse, presumiendo que conocen al de arriba, como si el acceso a la Cultura estuviera dado a partir de las relaciones personales. Mundo retratado de manera contundente en la novela clásica “El Miedo a los Animales” de Enrique Serna …
Pero creo que ya me estoy proyectando demasiado y estaba hablando de José Agustín, pero mencioné al gran Revueltas y su figura me dio vuelta, y creo que mi problema no es con él (con José Agustín), si no con lo que llamamos “La Cultura” de la que forma parte, aunque sea en buena Onda, con la Literatura de la Onda, que al final le pasó lo mismo que a la honda de David que comenzó siendo revolucionaria y pasó a ser reaccionaria al ayudarle a David convertirse en Rey, explotando a su pueblo, haciendo que todo cambie para que todo siga igual, como decía Lampeduza, tan solo incluyendo un nuevo ídolo en el Partenón de los Dioses, como quería Calígula… Y aquí doy fin a esta Onda, antes de que se me vuelva a ir la onda y tire mi mala honda, que ni siquiera afino y no le atine a Goliat… Y me madree.
FIN.
Fabián González Hernández.
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