El tatuaje, señal de resistencia.
El Tatuaje, señal de resistencia
(escrito a partir de la visita a una exposición sobre tatuajes en el Museo de la ciudad de México hace como 12 años).:
El cuerpo. Ese
espacio que es lo mas íntimo que tenemos y que, ultimadamente, es nuestra única
pertenencia. Expresión de nuestra libertad o de nuestra opresión, reflejo
nítido de lo que somos, resguardo del alma, habitación perenne. Esta maquina
que nos permite ver, oír, oler, transladarnos y sentir, puede ser también el
vehículo que exprese hacia afuera, todo esto que no es transmitido. Y lo puede
hacer ya sea escribiendo nuestros sentimientos mas profundos, pintando algún
sueño original o componiendo una canción que ponga a flor de piel ese dolor o
esa alegría que llevamos dentro. Pero esto implica, necesariamente, contar con
algunos conocimientos de carácter técnico que nos permitan, de la manera mas
fiel posible, expresar eso que llevamos dentro y tener las condiciones
materiales propicias para hacerlo, cuestión que, dentro de esta sociedad donde
unos pocos tienen cada vez mas y mas y la mayoría cada vez menos y menos, se
vuelve, paulatinamente, mas difícil.
En cada
ocasión que este sistema desigual sigue avanzando son callados mas cuerpos a
los que se les priva de las condiciones indispensables para expresarse de la
manera ya descrita y sus sentimientos son lanzados al olvido ya que no hay
quien los plasme de la manera como ellos lo harían. Los “artistas” reconocidos
dentro de este establishment, salvo sus honrosas excepciones, necesariamente
reflejan en sus obras el sentir de una clase pudiente, que es la que las
consume, la que tiene el poder económico para pagarlas y así permitirle al
artista las condiciones materiales ya mencionadas. Los jodidos, ni pueden
expresarse, ni pueden pagarle a alguien para que lo haga y así, aunque ahora
sin grilletes, sus cuerpos son castrados.
Por otro lado
el cuerpo humano, desde las sociedades primitivas hasta nuestra época, ha sido
utilizado por el hombre para expresar, a través de el mismo, su idiosincracia e
identidad cultural; su concepto de belleza. Antes, los diferentes grupos
humanos se distinguían unos de otros expresando ese sentir interior a través de
su propio cuerpo con ornatos que iban desde aretes, pintura, tatuajes, plumas,
collares y un sinfín de adornos que los distinguían tanto de otros pueblos,
como de sus propios paisanos ya fuera socialmente, militarmente o
individualmente. El cuerpo y sus adornos eran el reflejo de una cultura propia
y de un lugar especifico dentro del grupo social que conformaba esa cultura. No
era difícil distinguir al jefe de sus inferiores ni costaba tanto trabajo identificar,
a primera vista, al individuo perteneciente a un pueblo, de otro. Sin embargo,
con el avance sangriento de la cultura occidental por todos los rincones de la
tierra, los diferentes pueblos o fueron exterminados en algunos casos, o
perdieron su libertad. Sus tierras, sus ríos y hasta su propia vida pasaron a
formar parte de la historia occidental que las toma en cuenta hasta el momento
en que se las apropia. Es decir que, poco a poco y por medio de la fuerza, la
cultura se fue homogeneizando hasta llegar a nuestros días donde, por ejemplo,
el traje y la corbata son el vestuario de casi todos los dirigentes en el mundo
y de todos los alienados que se insertan pasivamente dentro de esta cultura.
Las mujeres, para entrar en los cánones de belleza deben ser delgadas y los
rasgos físicos en general deben tener, aunque sea, algún rasgo del genotipo
caucásico para ser considerados bellos. Y no es ya tan sencillo distinguir, por
la apariencia física, a un individuo perteneciente a un pueblo, de otro. Casi
todos usamos jeans o corbata.
Actualmente,
se ha estandarizado la indumentaria en pos de una supuesta comodidad y
funcionalidad convirtiéndonos a todos en seres grises a los que, cada vez se
les hace mas difícil encontrar una identidad propia. Esta carencia se empezó a evidenciar en los
años 60´s cuando los jóvenes de entonces, a través de la música y el pelo
largo, buscaron diferenciarse del mundo adulto. Por desgracia crecieron y se
cortaron el pelo y se pusieron la corbata y su música se insertó dentro de la
cultura homogeneizada. Posteriormente vinieron los Punks, cuyo movimiento se
reveló tanto contra el sistema en general, como contra estos exjovenes rebeldes
ya insertos cómodamente en la sociedad a través de esta misma rebeldía. No es
gratuito que uno de los lemas del punk sea morir joven. Para no convertirse en
lo que, alguna vez, estuvieron en contra. En cuanto a su música, su lema es que
no se necesita ni el gran equipo, ni el gran virtuosismo para poder expresarse.
Y en cuanto a su apariencia física, el punk es todavía mas radical. Su
indumentaria y los adornos que utilizan están encaminados a verse feos, dentro
del canon de la sociedad establecida. Los punketos parece que regresan al
pasado mas antiguo y se paran y se pintan los pelos, usan aretes, se tatúan y
usan ropa completamente opuesta a las normas de comodidad y funcionalidad que
el sistema establece. Los punks parecen pertenecientes a un pueblo primigenio,
que lucha desesperadamente por diferenciarse del resto de su suciedad. Que se
resiste a ser incorporado.
Posteriormente,
las distintas corrientes musicales han ido tomando algo de aquí y de allá y sus
diferentes exponentes y seguidores han tomado distintas maneras de
diferenciarse y de buscar su identidad. El Tatuaje, sin pertenecer a una corriente
musical e ideológica en especifico, ha tenido su desarrollo dentro de esta
contracorriente juvenil que lucha por diferenciarse. Como dije al principio el
cuerpo es, en primera y última instancia, lo único que nos pertenece. Y, aunque
oprimido, el hombre puede hacer con el lo que este a su alcance. No es fortuito
que los tatuajes, en algún momento, fueran sinónimo de haber estado en la
cárcel, ya que en este sitio es de las pocas libertades que se le permiten al
cuerpo: la de evidenciar, en carne viva esta carencia de poder expresarse por
otros medios. También, el tatuaje es muy usual por ejemplo en los mexicanos que
se van para el otro lado. Con temas religiosos y nacionalistas, los pochos se
marcan la piel para nunca olvidar lo que son y no dejar de serlo. Un tatuaje es
algo que uno se hace, para tenerlo presente por el resto de su vida. Es una
marca que nos recordará siempre algo que no queremos que se nos olvide. Es un
signo hacia dentro, pero también hacia afuera que nos diferencia todavía mas de
los demás cuerpos. En fin, puede ser una señal de resistencia ante esta
sociedad que nos homogeiniza y nos hace olvidar, muchas veces, quienes somos.
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